Los seres humanos tenemos la capacidad de no solo cumplir las funciones básicas de todo ser vivo, nacer, reproducirnos y morir. Sino que nuestros genes están impregnados con una serie de funciones extras que nos hacen ser diferentes al resto de los seres que nos rodean. En este artículo veremos qué es la amistad y cómo podemos no solo reconocerla, sino también cuidarla y experimentarla.

Las personas somos seres sociales, es decir, no estamos programados para vivir en soledad. Cuando hablo de soledad, no me refiero a esa sensación que te invade, a ese deseo que te impulsa a alejarte de todo por no poder estar nunca a solas contigo mismo..

Me refiero a esa situación en la que estas, por obligación, condenado a vivir sin la compañía de ninguna otra persona. Sí, lo sé. He utilizado la palabra “condenado” porque cunando la soledad no es buscada sino impuesta, la mente del ser humano reacciona haciéndonos ver el infierno en el que podemos caer.

Esa sensación nos impulsa a la melancolía, la tristeza, el desasosiego. Nos vuelve temerosos, irascibles y depresivos. No es lo mismo buscar una situación de paz interior donde necesitas alejarte del mundanal ruido, que verse continuamente abocado al aislamiento social.

Como decía al principio, los humanos estamos hechos para vivir en compañía. Desde los tiempos inmemoriales, los humanos se han desenvuelto y vivido en manadas, acompañados. Ya sea porque nos sentimos mejor o porque la búsqueda de alimento, la caza, el apareamiento o el simple hecho de combatir el frío nos unía en grupos más o menos homogéneos dentro de una heterogeneidad relativa.

La definición de amistad nos dice que, en su primera entrada, que es todo afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que además nace y se fortalece con el trato. Es decir, entendemos en esta definición que el sentido de la amistad entre dos personas nace de nuestra predisposición a la bondad y el compañerismo. Y que además ese tipo de relación se hace más fuerte cuanta más cercanía exista entre esas dos personas.

Otras definiciones de amistad nos hacen referencia a otorgar un favor o a una afinidad o unión, incluso de un pacto cordial y amistoso entre dos o más personas.

Instrucciones

Vamos a ver una serie de características necesarias para que pueda establecerse esta relación de amistad entre dos o más personas.

  1. Debe existir un sentimiento de afecto mutuo o recíproco. No puede existir amistad entre dos personas cuando la entrega, el afecto o el cariño es unidireccional. Se debe crear un vínculo que, además de crearlo, hay que cuidarlo y hacer que siga creciendo. De no ser así, la amistad morirá o no se considerará verdadera amistad. Algo muy común en nuestra sociedad carente de valores, donde predomina más la unión basada en el parasitismo que en la simbiosis.
  2. La verdadera amistad, por tanto, no busca la ganancia personal, sino el enriquecimiento mutuo entre las personas.
  3. El desinterés es una de las características más primordiales de una verdadera amistad y que además va en consonancia con las anteriores. El desinterés nos lleva a realizar acciones sin tener en cuenta ni el beneficio propio ni la devolución futura por parte de la otra persona. ¡Cuánto cambiaría esta sociedad si nos tomáramos en serio esta característica!
  4. La verdadera amistad debe basarse en la sinceridad. Cualquier acción que se base en el engaño, en la mentira y en la oscuridad nos va, tarde o temprano, a hacer sentir rechazo por esa persona que dice llamarse amigo nuestro.
  5. Otra característica de una verdadera amistad necesita toneladas del sentimiento que menos cuidamos en estos días ajetreados en los que nos vemos inmersos. Me refiero a la paciencia, es decir, a esa cualidad que se basa en el saber esperar tranquilamente, aunque nuestro deseo de obtener ese algo sea inmenso. Ser pacientes nos lleva también a ser bondadosos, a tener empatía y sobre todo a saber dar el tiempo adecuado a esa persona a la que llamamos amigo o amiga.
  6. Si cumplimos la característica anterior, sabremos, por ejemplo, perdonar los posibles errores que cometan, nos hará querer ayudar a la otra persona y sobre todo nos hará verdaderos sabios en el arte de ofrecer consejo.
  7. El hecho de experimentar el gozo de la verdadera amistad, nos va a ayudar a ser mejores personas. Si vemos todas las características anteriores, el tratar a otra persona con respeto, amabilidad, paciencia y cariño nos va obligar a aprender nos solo a ser bondadosos sino a saber valorar el que otra persona lo sea con nosotros. Estoy seguro que muchos de vosotros habéis experimentado a lo largo de vuestra vida, el daño que llega a infringirnos todas las consecuencias de una mala amistad o de un falso amigo o amiga. Nos deja un vacío y una impotencia que difícilmente podemos superar. Y nos solo eso, sino que nos hará unos seres mucho más reticentes a la búsqueda de la verdadera amistad y, por ende, a la desconfianza y al tan usado dicho de …pagan justos por pecadores.
  8. El verdadero valor de la amistad no puede pasar por una situación de chantaje. Es decir, si vemos que la otra persona nos dice algo parecido a “…si en realidad eres mi amigo, seguro que harás esto por mí…”. Esto no es amistad, sino algo parecido a un sentimiento de necesidad y de aprovechamiento sobre la otra persona. Por lo tanto, la verdadera amistad no se basa en la exigencia.
  9. Se suele decir que una verdadera amistad está por encima de la distancia y del contacto diario. Es decir, dos verdaderos amigos o amigas van a ser capaces de seguir cultivando y abonando ese terreno de la amistad, aunque sus situaciones personales de vida no les ayuden a un contacto cotidiano.
  10. Para esta siguiente característica que define a una amistad verdadera, os hago la siguiente pregunta, ¿existe algo más maravilloso que la libertad? Y a raíz de ella, os propongo otra ¿hay algo que nos haga sentirnos más cómodos que la confianza? La respuesta es clara, ¿verdad? Cuando entre dos personas se establece una relación donde una u otra puede decir lo que piensa, o lo que siente, o la mayor tontería que se le pueda ocurrir con la total tranquilidad de no ser juzgado, en ese momento es cuando la amistad ha llegado a su mayor grado. Hay una frase muy cierta que dice algo así, “no existe nada más maravilloso que el poder compartir un grito o un silencio…”
  11. Hablaba más arriba sobre la homogeneidad entre las personas que se consideran amigos. Pero a la vez, lo que los hace iguales también los caracteriza como diferentes al resto de personas. Esa sensación de ser únicos hace que el vínculo de la amistad crezca porque cuando una persona se siente especial, irradia una seguridad que lo convierte en un ser atrayente hacia los demás.
  12. He dejado para el final una característica que define por sí misma el concepto de la verdadera amistad. Esta idea tiene que ver con el hecho de que un verdadero amigo o amiga te hace sentir que la vida es mucho menos complicada a su lado. Sabes que, por muchos inconvenientes que te salgan al paso, vas a tener a una persona que te escucha, te entiende, te valora y te aconseja. No hay nada más valioso en la vida que el sentirse arropados porque de esta manera hacemos huir al tremendo monstruo de la soledad y sus aliados la incomprensión y el sentimiento de abandono. Decía al principio, que no estamos hechos para vivir en una isla desierta alejados del resto de los seres humanos, sino que hemos sido creados para ser seres sociales. Y, para bien o para mal, esa necesidad genética nos lleva a crear, en ocasiones, verdaderos lazos de amistad.

Que Necesitas

Algo sumamente importante no es solo reconocer las características anteriormente mencionadas, sino también aprender a detectar los distintos tipos o ejemplos de amistad que existen y para ello, qué mejor que deleitarnos con las palabras sobre este tema lanzadas por mentes brillantes.

  • El filósofo griego Aristóteles, al hablar sobre el valor de la amistad, argumentaba que entre los seres humanos existían tres tipos de amistad pero que, entre esos tres tipos, aquella que se no se basaba en el placer ni en la utilidad era la forma superior.
  • Según Borges existen personas en la vida que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino. Algunas, comenta Borges, realizan todo el camino a nuestro lado, sin embargo, otros apenas las vemos mientras recorremos el largo camino de la vida. Por ello, presumiendo que a todos los podemos llamar amigos, existen muchas clases de ellos.
  • El gran escritor George Bernard Shaw decía que el único servicio que un amigo puede realmente prestarte es el de sustentar la valentía al sostener un espejo frente a ti en el que puedas ver una imagen noble de ti mismo.
  • Por otro lado, Oscar Wilde sostenía que un verdadero amigo te apuñala de frente.
  • El consejo que nos daba el filósofo Sócrates sugería que fuésemos cautos y lentos al entrar en una amistad, pero que cuando estuviésemos dentro, continuáramos firmes y constantes.
  • Jane Austen admitía, “la amistad es ciertamente el más fino bálsamo para los golpes de un amor decepcionado”.
  • William Shakespeare nos aseguraba que, si tenemos amigos a los que hemos puesto a prueba y aún así siguen en nuestras vidas, deberíamos engancharlos a nuestra alma con ganchos de acero.
  • Cicerón nos argumentaba que no existía cosa más grande que atreverse a hablar con otra persona como si lo hiciéramos con nosotros mismos.
  • Según Motesquieu la amistad es un contrato por el cual nos obligamos a hacer pequeños favores a los demás para que los demás nos lo hagan grandes.
  • Honoré de Balzac decía, “lo que hace indisoluble a las amistades y dobla su encanto, es un sentimiento que le falta al amor, la certeza”.
  • “El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar a que le llamen”, sugería Francisco de Quevedo.
  • Por otro lado, nuestro gran Miguel de Cervantes admitía que las amistades que son ciertas nadie las puede turbar.
  • Y, por último, una frase que proviene de Cicerón y que creo que nos puede servir como resumen de todo lo expuesto, “la confidencia corrompe la amistad; el mucho contacto la consume; el respeto la conserva”.

Consejos

Una universidad de Estados Unidos calificaba la amistad como una “droga sana” que te puede alargar la vida a la vez que la mejora.

En este último apartado, me gustaría ofrecerte algunos consejos para cuidar la amistad y conservar a los que consideras buenos amigos.

  • No esperes a que te llame, coge tu teléfono y hazlo tú mismo. Planea unas vacaciones juntos, una salida inesperada o un café para unas charlas. Como se ha comentado más arriba, un amigo es algo que nos va a favorecer en todos los aspectos de nuestra vida, por lo tanto, no nos quedemos quietos ante ellos.
  • Debemos estar atentos a sus necesidades o inquietudes y actuar en consecuencia.
  • Paciencia, una palabra maravillosa que nos hará no juzgar a nuestros amigos y amigas sino aceptarlos tal y como son, con sus cualidades, sus cosas buenas y sus pequeños defectos. Por lo tanto, no nos enfademos por algo que han hecho o dicho, porque seguro que en muchas otras ocasiones han realizado alguna acción que nos ha alegrado el día.
  • Una cualidad que no debemos dejar de lado es la generosidad y, como consecuencia, el entendimiento. Seamos flexibles y no tajantes. Si no nos gusta algo que nos han propuesto, pues simplemente nos adaptamos y tratamos de disfrutar con ese regalo que la vida nos ha hecho, nuestros amigos.
  • Y, para terminar, he dejado una de las palabras que mejor pueden definir a la relación de dos personas que se consideran amigos o amigas, la confidencialidad. Esas confidencias, esos secretos, esas palabras donde la otra persona nos ha abierto su corazón deben quedar guardadas, no ya en nuestra mente, sino en nuestro corazón para que podamos tratarlas y asimilarlas con el cariño, mesura y ternura que se merecen.

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