La tarea de encontrarse a uno mismo, no es fácil, lleva tiempo y bastante dedicación, es imprescindible encontrar el momento adecuado para descubrir quienes somos y que queremos en la vida, cual es nuestra misión y cómo podemos llevarla a cabo siendo felices. Estas son las cuatro pautas principales:

Escucha tu interior

Uno de los ejercicios que poca gente práctica, quizá porque lo desconocen o porque no consiguen la concentración adecuada para llevarlo a cabo, es conectar con el yo interior. Todo el mundo tiene dentro suyo un yo, que se puede definir más concretamente como una voz, la cual está conectada con el corazón, pero que responde a través de la mente. En ocasiones los pensamientos son tan abrumadores, que no somos capaces de lograr escuchar esa voz, que nos sirve como consejero, y que nos traslada la verdad que hay en nuestra alma. Es por ello, que para lograr esa unión directa, se necesita el silencio y la meditación, es importante calmar el cuerpo, que este permanezca relajado, que se liberen las tensiones que hay en los músculos, desde los pies a la cabeza, de esta forma podremos prestar mejor atención al yo, y sobre todo parar la mente, dejándola en blanco, e intentando que nos responda a las preguntas que les vamos haciendo.

Ante las circunstancias que se nos presentan, nadie tiene un manual para saber siempre cómo hacer las cosas, o qué decisión es la mejor que se puede tomar, de hecho, muchas veces la inseguridad en nosotros mismos, nos llena de dudas y nos mantiene estancados, sin saber por dónde tirar o qué camino escoger, todo eso nos produce ansiedad, nervios, y nos resta felicidad. A veces el ego o el desconocimiento, nos lleva a tomar decisiones egoístas, de las que luego nos arrepentimos, no siempre hay que pensar en disfrutar del momento sin ver las posibles consecuencias que pueda haber, ser maduro también implica tener cierta visión de futuro a la hora de tomar decisiones en la vida.

Cuando queremos responder a preguntas que no somos capaces de resolver, se debe recurrir a ese yo que alberga en nuestro interior, la mayor parte de las veces es necesario tiempo y constancia para lograr obtener las respuestas que buscamos, pues de la nada no surgen las cosas, y todo necesita un trabajo y cierta insistencia. Una vez que conseguimos escuchar las respuestas, debemos mantenernos firmes y llevarlas a cabo, la influencia que podamos recibir del exterior, aunque sea de familiares o amigos que nos conocen, no siempre es la correcta, ellos pueden tratar de ayudarnos, pero solo nosotros mismos tenemos el poder y el deber de averiguar qué queremos, cómo y cuándo lo queremos, y una vez que lo sabemos ser fiel a nuestros principios.

Sigue tus propias normas

¿Por qué seguir siempre el camino impuesto?, no es necesario, la libertad hace que cada uno pueda elegir cómo hacer las cosas, y ver de qué manera puede aprovecharlas y disfrutarlas, sin que aquello que le toca ejercer sea un suplicio. De ahí parte la idea de que los métodos que nos imponen, la mayoría de las veces resultan aburridos, y consiguen que la gente se desanime, y no lo lleve a cabo hasta el final. Dentro de ello está, por ejemplo, trabajar dentro de un negocio familiar, el cual no nos gusta, pero que la presión social que ejerce nuestra familia nos empuja a que nuestro futuro sea llevar a cabo la misma profesión que nuestros padres, abuelos, tíos, aunque no sea lo que nos guste. Eso debe terminar, quizá no hay que ser radicales y siempre se pueden estudiar todas las posibilidades que nos ofrece, la ventaja de tener un negocio dentro del núcleo familiar que nos facilita el tener un puesto de trabajo, sin tener que recurrir a buscarlo fuera, pero eso no quita que desempeñemos el rol que los demás quieran. Por eso, se puede llegar a un acuerdo, trabajar en esa empresa, pero formándote en un área diferente que realmente te llene, y que seas capaz de realizar a gusto, sin presiones externas, trabajando por vocación y no por compromiso. De esta forma estarás siendo fiel a tus pensamientos, creencias y por lo tanto, te habrás encontrado a ti mismo.

Preguntate,¿Estás dónde quieres estar?

Quién no ha sentido más de una vez que no encaja con el ambiente o con la gente que le rodea, y sin embargo, no hace nada por cambiarlo, pero eso le genera desesperación amargura y una gran tristeza, por no sentirse, comprendido, o no ser capaz de abrirse porque no llega a conectar con el lugar o con aquellos que creía que eran sus amigos. Cuando uno se siente así, llega un momento en el que no puedes más y explotas, ese es justo el momento dónde, tienes que preguntarte, ¿realmente estoy donde quiero estar?, y si la respuesta interior es no, inmediatamente hay que pensar en la manera en la que puedes cambiarlo. No es fácil, pero nadie dijo que la vida era color de rosa, por eso hay que pensar que lo más importante que hay por encima de cualquier aspecto, es ser feliz, partiendo de ese entendimiento solo se debe trabajar para lograrlo. Si vives en una ciudad o en un pueblo, donde no te sientes en paz, o tus vecinos no son de tu agrado, siempre has tenido problemas con ellos porque no os entendéis, lo mejor es intentar romper con ello, y cambiarte de casa y de lugar.  Quizá hayas soñado toda la vida con vivir en un lugar y sea el momento adecuado para ir y ver la diferencia, pues allí quizá encuentres el bienestar que jamás tuviste en el pueblo anterior, entonces tu vida cambiará y empezarás a ver todo con la positividad, tu energía se renueve, y toda esa carga que sentían encima se aleje de ti y puedas sentir que has encontrado tu verdadero hogar.

Esta situación también puede ocurrir con ciertas amistades, con tu pareja, o incluso con tu trabajo. No se tiene porque estar siempre con las mismas personas, ni enamorarte una sola vez, o dedicarte siempre a la misma profesión, lo importante es que lo que hagas, lo hagas de corazón, que cada paso que des y con quien lo des, no lo hagas por el qué dirán o por miedo a salir de tu zona de confort. La soledad no es mala, y es muy necesaria para aclarar las ideas y reflexionar, si ya no te diviertes con los amigos de toda la vida, si empiezas a sentir amor por otra persona, o si crees que tu vocación no era la que creías desde pequeña o te das cuenta de que al madurar priorizas otros aspectos y eso te ha llevado a querer ejercer otra profesión, adelante, deja atrás los miedos y siempre escucha a tu interior.

No escondas tu personalidad

Las apariencias, hoy en día están muy de moda, el postureo y aparentar lleva vida falsa enseñando constantemente lo feliz que eres, los lugares tan maravillosos que visitas, si viajas a otros países, la ropa nueva que te compras, y todo ello con el objetivo de crear una apariencia de perfección en tu vida, que en gran parte de las ocasiones no existe, pero por desgracia las envidias y las comparaciones con los demás nos hacen caer en ese falso mundo, en el que la naturalidad deja de ser protagonista, y nos ponemos un disfraz de lo que no somos, ocultando debajo nuestra auténtica personalidad. Vivimos en una sociedad donde todo se mira con lupa, y en la que hay que medir qué se dice y cómo se dice, porque sin buscarlo podemos encontrarnos con el rechazo de aquellos que no son como nosotros y que no aprueban nuestra forma de ser. A pesar de todo ello, hay que intentar no caer, no ser como los demás, si todos somos iguales el mundo se convierte en un auténtico aburrimiento lleno de monotonía. Por lo tanto, encontrarse a uno mismo significa, aceptarse, con las virtudes y los defectos, expresando realmente lo que sentimos y no lo que los demás esperan oir, a pesar de que eso acarree a la larga críticas y comentarios negativos, eso no nos debe influir. Basta con que estemos en armonía con nosotros mismos, sepamos quienes somos y lo mostremos al mundo sin miedo a ser señalados.  Guardar la compostura y ser uno más acaba siendo una manera de autoengaño que solo te puede conducir a la infelicidad y la completa amargura, por eso no se debe de guardar la personalidad y sustituirla por otra para ser más querido por los demás. Primero quiérete a ti mismo y después espera que los demás te quieran, no por lo que creen que eres, si no por quien en realidad eres.

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