Encontrar a Dios significa que lo sientes dentro tuyo y ya forma parte de ti, tenerlo te aporta fortaleza para afrontar cualquier tipo de circunstancia que se pueda encontrar a lo largo de la vida, pero su fe en él, te ayudará a superarlos, por lo tanto, tu vida es más fácil, eres capaz de encontrar un confidente y una persona a la que pedirle apoyo, y eso se hace a través de las oraciones o acudiendo a la iglesia, dónde muchos fieles encuentran refugio en sus peores días. Sentir que Dios forma parte de tu vida, te aleja de aspectos negativos como pueden ser, la ira, la vanalidad o el orgullo, pues estas solo habitan en seres que están fuera del camino espiritual. Siendo la bondad y la gracia, los principios que todo creyente debe seguir. El que encuentra a Dios tiene plenitud en su alma y su corazón.

La lectura de libros relacionados con los actos o que cuentan las andanzas y las enseñanzas que Dios dejó, son una buena manera de introducirse en en mundo religioso y conocer más a fondo, cómo era su mundo, e indagar en él, aprendiendo de sus conocimientos y teniendo en cuenta las lecciones que dio a muchos, incluso a aquellos que no lo querían, pero que acabaron reconociendo su grandeza.

Uno de los aspectos imprescindibles, es elegir los libros correctos, los cuales contengan vivencias o autobiografías de personas, las cuales a través de su experiencia cuenten cómo hicieron ellos para encontrar a Dios y las experiencias que pasaron para llegar hasta él. Los líderes de la espiritualidad, santos conocidos, los libros sagrados como pueden ser la Biblia, pueden servir de una gran ayuda. Es importante, que debido al lenguaje que se usa en este tipo de libros sagrados, llenos de metáforas, parábolas entre otras múltiples figuras lingüísticas, se dedique un tiempo considerable para poder descifrar y comprender bien el mensaje que guarda cada uno de ellos.

Otra de las maneras de sentir a Dios y su esencia en nuestro interiror, es descubrir que muchas de las cosas que antes veías como normales o no les dabas importancia, ahora les das valor, ya se el tener salud, poder disfrutar de una familia, de una casa, incluso ver nacer un árbol, contemplar un amanecer, situaciones comunes de la vida que antes no te habías parado a analizar, pero por las que debes estar agradecido, ya que aquel que valora las pequeñas cosas, siempre le vendrán otras mayores de las que pueda disfrutar.

Es necesario que cuando sientas esa conexión con Dios, busques siempre un lugar en el que estés solo o sola, alejada del bullicio de la gente, donde seas capaz de poder mantenerte alejado de ruidos que distraigan tu mente, y solo concentrarte en cerrar los ojos y comunicarte con él, quizá quieras contarle experiencias que estás viviendo, le quieras pedir algún tipo de señal para saber qué tipo de decisión tomas ante un determinado problema. No es necesario que reces como tal, ni que digas el padre nuestro, para hablarle, basta que uses tus palabras, seas sincero, y te encomiendes a él. La fe es el camino, y los buenos actos son los hechos que demuestran que Dios ha empezado a forma parte de tu ser.

Una forma de demostrar que se ha encontrado a Dios es seguir estas tres máximas:

  1. Quererse a uno mismo:Una de las máximas que se deben de seguir para encontrar a Dios, es quererse a uno mismo, tal cual es, y esto no está relacionado en ningún caso con el egocentrismo, ni con la superioridad, amarse tal cual uno es, no significa, sentirse superior al resto, sino ser conscientes de que se tiene que mirar primero por el bienestar propio, pues si uno tiene armonía con lo que es y con lo que siente, es ahí donde está preparado para ayudar a los demás. Quererse a uno mismo, es tener fe en nuestras propias cualidades, y desarrollarlas, conocer cuál es nuestra vocación, aquellas cosas con las que nos sentimos identificados, y llevarlo a cabo. Ser capaces de descubrir aquello a lo que somos afines y luchar por tenerlo, sin importar lo duro que pueda resultar, ni dejarnos llevar por las esfinges que se presenten para tratar de impedírnoslo. No nos debe de importar el qué dirán, nuestra personalidad siempre ha de ser mostrada a los demás, y nunca aparentar lo que no somos, por agradar al otro. Cuando alguien sabe cuáles son sus defectos y sus virtudes y no trata de taparlas, si no que las acepta, y no se siente culpable por ellas, es ahí cuando se respeta a sí mismo, pues sabe que la belleza del ser humano reside en la imperfección, y en que cada error se debe convertir en un aprendizaje. Asumir quienes somos, reconociendo que nos da miedo, pero ser valientes y tratar de enfrentarlo, confiando en nuestras capacidades para superarlo, sacando fuerzas para ir hacia delante. Todas ellas son muestras verdaderas que se manifiestan cuando nos queremos a nosotros mismos.
  2. Querer al prójimo: Querer al prójimo, o mejor dicho a otro que no seas tú mismo, implica empatizar con él, y con sus circunstancias, pues muchas veces una acción que otra persona realiza no la llegamos a entender y la juzgamos sin conocer la razón por la cual, lo ha hecho así, o sin saber cómo es la persona. Por lo tanto, es importante que se practique la empatía y la ayuda, hacia aquellas personas que nos rodean, que bien pueden ser familia, amigos, o quizá alguien que simplemente nos reclame atención. Cuando se realiza este tipo de actos, se está haciendo el bien, y se está obrando conforme a las enseñanzas de la Biblia y de Dios, el cual dijo que había que querer para los demás lo mismo que para nosotros mismos, incluso en el caso de los enemigos, pues Dios no apoyaba la idea de odiar a quien te odia, sino de desearle el bien y orar por él, así podría cambiar su forma de actuar, y encontrar la fe en el mundo espiritual y religioso. Por lo tanto, amar al prójimo como si fueras tú mismo, no conoce de distinciones de raza, de sexo o de cultura, todos somos iguales.
  3. Querer a Dios sobre todas las cosas: Es decir, para encontrar a Dios hay que quererlo, y eso significa profesarle un amor incondicional, que esté por encima de todo aspecto, ya sea humano o material, y eso implica, tener fe en sus cualidades positivas, creer que es un ser divino de luz, que obra con bondad, y no incumplir ninguno de sus pecados, como pueden ser; robar, ser adicto al alcohol o al sexo, creer en el demonio, practicar magias negras, pues todo ello no está relacionado con lo que la religión profesa y en lo que se inspira. También implica creer en su misericordia, en que sus actos siempre son los correctos, y que sus obras están justificadas, pues en el momento que un fiel alberga un mínimo de desconfianza, ya no está creyendo en Dios. Otra de las creencias de los fieles, es aceptar que Dios es el creador del universo, y dueño y señor de todo lo que en él existe, y por lo tanto creador también de la raza tanto humana como animal.
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